Ictus: el momento importa
Tras un ictus, el punto crítico no es solo empezar, sino entender qué tipo de recuperación es posible en cada momento. No es que el tratamiento deje de ser eficaz con el tiempo; es que la capacidad biológica del cerebro para reorganizarse disminuye si no se estimula precozmente.
La ventana terapéutica: restauración real de función
En los primeros meses tras el ictus el cerebro presenta un estado de hiperplasticidad:
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Mayor capacidad de reorganización cortical.
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Activación de redes neuronales alternativas.
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Mayor respuesta a estímulos intensivos y repetitivos.
En esta fase es posible, en muchos casos, una recuperación restaurativa: recuperar función mediante reorganización neuronal real.
Enfoque restaurativo
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Objetivo: recuperación de la función dañada.
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Indicado: fase aguda y subaguda.
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Intensidad recomendada: 3–5 sesiones/semana.
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Trabajo: repetición intensiva orientada a tareas funcionales.
Aquí buscamos que el cerebro “vuelva a aprender” el movimiento.
Si se pierde esta fase sin intervención estructurada, la capacidad de restauración disminuye. No desaparece por completo, pero ya no es igual.
Cuando la ventana inicial pasa: cambio de estrategia
Pasados los primeros meses, la plasticidad espontánea disminuye. El enfoque evoluciona.
Enfoque compensatorio
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Objetivo: recuperar la actividad aunque no se recupere totalmente la función original.
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Frecuente en fase crónica.
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Intensidad: 2–3 sesiones/semana.
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Se entrenan estrategias alternativas (ej. uso funcional del lado no afecto, adaptación de tareas).
No es un fracaso. Es optimización funcional.
Enfoque sustitutivo
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Uso de ayudas técnicas.
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Adaptaciones del entorno.
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Reorganización de tareas cotidianas.
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En algunos casos, utilización de otras partes del cuerpo para suplir función.
Se aplica cuando la función no es recuperable de forma significativa.
Fases avanzadas o daño progresivo
En determinados contextos (ictus con gran secuela, patologías asociadas, deterioro progresivo), el tratamiento cambia nuevamente de objetivo.
Mantenimiento
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Preservar capacidades actuales.
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Prevenir rigidez, dolor, caídas.
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Mantener autonomía el mayor tiempo posible.
Contención
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Ralentizar deterioro funcional.
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Preservar funciones vitales.
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Evitar complicaciones secundarias.
El error frecuente: esperar
Retrasar la rehabilitación implica:
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Perder parte del potencial restaurativo.
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Aumentar debilidad, rigidez y desuso.
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Reducir opciones terapéuticas reales.
No es que el tratamiento deje de funcionar con el tiempo. Es que cambia lo que podemos aspirar a recuperar. En fase inicial podemos intentar restaurar.
Más adelante compensar. Después mantener.
Conclusión
Tras un ictus, la rehabilitación siempre tiene sentido. Pero lo que podemos recuperar depende en gran medida de cuándo empezamos.
En los primeros meses existe una ventana biológica real donde el cerebro está más preparado para reorganizarse. Es el momento en el que podemos intentar una recuperación restaurativa, buscando que la función vuelva. Si esa fase pasa sin intervención estructurada e intensiva, el tratamiento no deja de ser útil, pero el objetivo cambia: primero compensar, después mantener.
Por eso el error más frecuente es esperar. No porque más adelante no se pueda hacer nada, sino porque se reduce el potencial de recuperación funcional real. Tras un ictus, cada semana cuenta.
En nuestra clínica estamos preparadas para atender a personas que han sufrido un ictus desde las fases más iniciales, diseñando un plan individualizado acorde al momento biológico y funcional de cada persona.
Fisioterapia y Esclerosis Múltiple
La Esclerosis Múltiple es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario empieza a atacar la mielina, que es la capa que protege las fibras nerviosas. Esa mielina es parte de la sustancia blanca, encargada de que la información viaje rápidamente desde el cerebro hacia el resto del cuerpo.
Para entenderlo de forma sencilla: el sistema nervioso funciona como una red de cables que llevan mensajes eléctricos. El cerebro envía la orden —por ejemplo, “levanta la pierna”—, pero si la mielina está dañada, ese mensaje no llega bien al músculo. Puede llegar más lento, llegar distorsionado o directamente no llegar.
Y cuando la comunicación falla, aparecen muchos de los síntomas típicos de la EM: dificultad para caminar, torpeza al realizar movimientos finos, sensación de fatiga desproporcionada, alteraciones de sensibilidad, espasticidad, problemas de equilibrio, visión borrosa… Los músculos pueden estar sanos, pero la orden no les llega correctamente.
¿Por qué ocurre esto?
A día de hoy no se conoce una causa única. Lo que sí sabemos es que existe una predisposición, y sobre esa base actúa una combinación de factores que pueden aumentar las posibilidades de desarrollarla. No es una enfermedad hereditaria como tal, pero sí hay personas con un sistema inmunitario más “sensible” o reactivo ante determinados estímulos.
Entre los factores que pueden influir están:
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haber pasado infección por el virus Epstein-Barr, que hoy se considera uno de los elementos más relevantes
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déficit de vitamina D o poca exposición solar
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tabaquismo
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obesidad en etapas tempranas de la vida
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ser mujer, por razones hormonales e inmunológicas, aunque también se da en hombres
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interacción con la microbiota (en investigación)
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y el estrés crónico, que no causa la EM por sí mismo, pero sí puede favorecer una desregulación inmunitaria y empeorar síntomas
En conjunto, estos factores no determinan por sí solos si una persona va a tener EM, pero sí pueden aumentar la probabilidad en quienes ya tienen esa susceptibilidad previa.
Qué busca la fisioterapia en EM
La fisioterapia neurológica tiene objetivos muy concretos y realistas:
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Mantener o mejorar la fuerza muscular para facilitar actividades de la vida diaria.
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Entrenar el equilibrio y la coordinación para reducir caídas y mejorar la seguridad en los desplazamientos.
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Entrenar la marcha con las adaptaciones funcionales y estrategias que se ajusten a las necesidades reales de cada persona.
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Controlar la espasticidad y prevenir rigideces que limiten el movimiento.
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Mejorar la resistencia y la tolerancia al esfuerzo, ajustando la intensidad para evitar la sobrefatiga.
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Promover bienestar general con actividad aeróbica moderada y regular.
Qué técnicas utilizamos (y qué dice la evidencia)
En la Esclerosis Múltiple, lo que mejor funciona es el trabajo bien planificado, adaptado a la persona y orientado a objetivos reales del día a día. La evidencia es clara en varios puntos:
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Ejercicio terapéutico individualizado: trabajamos fuerza, resistencia y movimiento funcional. Ajustamos cada ejercicio al nivel y al momento de la persona, porque bien programado es seguro y ayuda a mantener o mejorar la capacidad motora.
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Entrenamiento del equilibrio: muy útil para ganar seguridad al moverse, evitar caídas y mejorar la estabilidad. Lo trabajamos de manera progresiva, con retos alcanzables.
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Entrenamiento de la marcha: no se trata de “corregir” al paciente, sino de ayudarle a encontrar estrategias y/o ayudas técnicas que mejoren y/o mantengan la capacidad de marcha de la forma más eficiente y segura posible.
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Tratamiento de la espasticidad y rigidez: combinamos estiramientos mantenidos y pautas de movimiento diario para mejorar el confort y preservar la amplitud articular.
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Actividad aeróbica moderada y progresiva: caminatas, bicicleta estática o ejercicios adaptados según tolerancia. La clave es ajustar intensidad y duración para evitar la sobrefatiga y mejorar la capacidad física general.
Cómo lo trabajamos en la clínica
Nuestro enfoque es práctico, funcional y muy centrado en lo que cada persona necesita para su día a día:
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Valoración funcional detallada: analizamos fuerza, equilibrio, marcha, tolerancia al esfuerzo, nivel de fatiga y autonomía en actividades de la vida diaria.
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Plan individualizado: marcamos objetivos realistas y concretos, que tengan sentido para la persona y su entorno.
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Sesiones regulares y seguimiento: en fases de mayor necesidad solemos trabajar 2–3 veces por semana; después pasamos a un plan de mantenimiento que puede ser de 1 sesión semanal o revisiones más espaciadas con pautas de trabajo para casa.
- Acompañamiento cercano: explicamos cómo adaptar actividades, cómo prevenir sobrecargas y cómo manejar los cambios típicos de la enfermedad. También trabajamos con la familia cuando es necesario.
Qué resultados se pueden esperar
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Más autonomía y seguridad para caminar y moverse por diferentes espacios.
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Menor riesgo de caídas.
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Menos rigidez y mayor sensación de control sobre el cuerpo.
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Mejor tolerancia al esfuerzo y una gestión de la fatiga más eficaz.
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Mejor participación en actividades y calidad de vida, lo que puede conllevar a un mejor estado de ánimo.
Qué no debemos prometer
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La fisioterapia no frena la enfermedad.
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Cada persona progresa de forma distinta según la fase de la EM y su situación global.
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No todos los días habrá avances, pero mantener la función y evitar un deterioro acelerado es un logro importante.
Conclusión
Si tú o un familiar convivís con Esclerosis Múltiple, la fisioterapia neurológica especializada puede ser un pilar fundamental del cuidado. Con un programa adaptado, trabajo constante y un enfoque funcional centrado en la persona, es posible mantener la autonomía, moverse con más seguridad y mejorar la calidad de vida.
En Neurolar ofrecemos una valoración neurológica completa, un plan personalizado y un acompañamiento continuo.
Fisioterapia en ictus agudo
El ictus es una de las principales causas de discapacidad en adultos. La recuperación depende en gran medida de cuándo y cómo se inicien las diferentes terapias. En la actualidad, se considera fase aguda del ictus el período que abarca desde el momento del evento vascular cerebral y su ingreso hospitalario hasta aproximadamente los tres primeros meses tras el ictus. Durante este tiempo el cerebro atraviesa un proceso de recuperación espontánea y reorganización neuronal especialmente intenso, lo que convierte a esta etapa en una ventana terapéutica fundamental. Es precisamente en estos meses iniciales cuando la fisioterapia neurológica precoz, intensiva y bien dirigida puede marcar la mayor diferencia en la recuperación de la movilidad, la autonomía y la calidad de vida de la persona afectada.
¿Por qué empezar tan pronto?
Según la Guía de fisioterapia en unidades de ictus 2025, la intervención precoz y frecuente:
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Se asocia a mejores resultados funcionales (más movilidad, más autonomía).
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Reduce complicaciones derivadas de la inmovilización.
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Disminuye la necesidad de tratamientos posteriores y, con ello, las listas de espera.
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Contribuye a que el paciente pueda retomar antes su vida y su independencia.
Por eso, la recomendación es clara: iniciar fisioterapia tan pronto como el paciente esté médicamente estable, normalmente en el momento del alta hospitalaria.
¿Qué tipo de trabajo se realiza en esta fase?
La rehabilitación inicial se centra en:
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Movilización temprana: sedestación en cama, bipedestación y primeros pasos con asistencia.
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Ejercicio terapéutico: trabajo de fuerza y capacidad aeróbica adaptado.
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Entrenamiento repetitivo orientado a tareas: actividades concretas que el paciente necesita recuperar.
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Educación a pacientes y familias: implicar al entorno desde el primer día es esencial.
Las guías insisten en que la terapia debe ser corta, frecuente y adaptada, acumulando progresivamente varias horas de actividad diaria bajo supervisión profesional.
Nuestro compromiso en Neurolar
En nuestra clínica somos especialistas en fisioterapia neurológica y estamos preparadas para atender a las personas desde los primeros momentos tras un ictus, una vez que el equipo médico confirma la estabilidad clínica.
No hay que esperar: la intensidad y la precocidad del trabajo en esta fase aguda pueden marcar la diferencia entre una recuperación limitada y una recuperación con mayor grado de independencia.
Conclusión
La fisioterapia en la fase aguda del ictus no es opcional, es fundamental. Cuanto antes se inicie, más se optimizan las posibilidades de recuperación.
En Neurolar acompañamos a pacientes y familias desde el principio, con programas personalizados basados en la evidencia científica y en nuestra experiencia clínica.
Día Mundial del Parkinson
Cada 11 de abril conmemoramos el Día Mundial del Parkinson, una fecha que invita a reflexionar, informar y actuar frente a una enfermedad que, silenciosamente, se está convirtiendo en uno de los retos de salud pública del siglo XXI.
En los últimos años, los expertos ya se refieren a la Enfermedad de Parkinson como una “pandemia silenciosa”. No porque sea contagiosa, sino por su creciente y alarmante prevalencia en todo el mundo, con un impacto enorme en la calidad de vida de millones de personas y sus familias. Como ocurre con las pandemias clásicas, esta enfermedad representa una carga creciente para los sistemas de salud y requiere una respuesta global, sostenida y multidisciplinar.
¿Qué es la Enfermedad de Parkinson?
La Enfermedad de Parkinson (EP) es un trastorno neurológico crónico y progresivo que se produce por la degeneración de neuronas en una región del cerebro llamada sustancia negra, lo que provoca una disminución de dopamina, el neurotransmisor encargado de coordinar los movimientos.
Aunque suele asociarse con personas mayores, el 15 % de los casos afectan a personas menores de 50 años, por lo que es importante desterrar la idea de que es “cosa de ancianos”.
¿Es siempre Parkinson? Tipos de parkinsonismo
No todas las personas que presentan síntomas como temblor, rigidez o lentitud de movimientos tienen Enfermedad de Parkinson. Existen otros trastornos que comparten síntomas similares pero tienen causas, evolución y tratamiento diferentes. A este conjunto se lo denomina parkinsonismo.
A continuación, se describen brevemente los tipos principales:
Parkinsonismo primario o Enfermedad de Parkinson
Es el tipo más frecuente. Se divide en:
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Idiopático: No tiene una causa identificada. Representa la mayoría de los casos.
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Genético: Asociado a mutaciones hereditarias, más frecuente en personas jóvenes o con antecedentes familiares.
Parkinsonismo secundario
Es causado por factores externos que provocan síntomas similares al Parkinson. Entre las causas más comunes se encuentran:
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Uso prolongado de ciertos fármacos (neurolépticos, por ejemplo).
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Exposición a tóxicos o contaminantes.
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Infecciones del sistema nervioso o lesiones vasculares.
Parkinsonismo atípico o Parkinson Plus
Incluye un grupo de enfermedades neurodegenerativas que tienen algunas características similares al Parkinson, pero con una evolución más rápida y menor respuesta al tratamiento convencional:
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Atrofia Multisistémica (AMS)
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Parálisis Supranuclear Progresiva (PSP)
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Degeneración Corticobasal (DCB)
Un diagnóstico preciso es fundamental para establecer el pronóstico y diseñar un plan terapéutico adecuado en cada caso.
Evolución del Parkinson: fases de la enfermedad
La Enfermedad de Parkinson es una patología crónica y progresiva, lo que significa que sus síntomas tienden a intensificarse con el paso del tiempo. Aunque su evolución varía de una persona a otra, se suele describir en varias fases o etapas, que ayudan a comprender mejor el desarrollo de la enfermedad y adaptar el tratamiento a cada momento.
1. Fase prodrómica (preclínica)
Antes de que aparezcan los síntomas motores típicos, muchas personas experimentan síntomas no motores que pueden pasar desapercibidos. Entre ellos se encuentran el estreñimiento, la pérdida del olfato, los trastornos del sueño (como el sueño REM sin atonía) o alteraciones del estado de ánimo. Esta fase puede durar años.
2. Fase inicial o leve
Aparecen los primeros síntomas motores, como la bradicinesia (lentitud de movimientos), rigidez o temblor de reposo, generalmente en un solo lado del cuerpo. En esta etapa, los síntomas suelen responder bien al tratamiento farmacológico y la persona mantiene su independencia en la mayoría de las actividades diarias.
3. Fase moderada
Los síntomas se vuelven más evidentes y bilaterales, y pueden empezar a afectar el equilibrio, la coordinación y la marcha. La respuesta a la medicación sigue siendo buena, aunque pueden aparecer fluctuaciones motoras y efectos secundarios. Es aquí donde las terapias no farmacológicas, como la fisioterapia, adquieren un papel aún más relevante.
4. Fase avanzada
Se observan mayores dificultades en la movilidad, alteraciones posturales importantes, riesgo de caídas y dependencia creciente para las actividades cotidianas. Pueden coexistir síntomas cognitivos o del habla. En esta fase, se valora el uso de terapias avanzadas para controlar los síntomas que ya no responden bien al tratamiento convencional.
5. Fase muy avanzada o dependiente
La persona puede requerir asistencia para muchas de las tareas diarias. El tratamiento se enfoca en mejorar el confort, prevenir complicaciones y mantener la mejor calidad de vida posible, adaptando los cuidados a nivel físico, emocional y social.
Desmontando mitos: el temblor no siempre está presente
Uno de los grandes mitos sobre el Parkinson es que el temblor es su síntoma más característico. Lo cierto es que hasta un 20 % de los pacientes nunca presentan temblor. En cambio, un síntoma que siempre está presente es la bradicinesia, es decir, la lentitud para iniciar y ejecutar movimientos. Este síntoma, junto con la rigidez y las alteraciones posturales o de la marcha, impacta directamente en la capacidad para realizar actividades cotidianas como vestirse, caminar o escribir.
Además, la enfermedad se manifiesta también con síntomas no motores, como trastornos del sueño, estreñimiento, ansiedad, depresión y deterioro cognitivo. Estos síntomas suelen aparecer incluso antes que los motores.
Una pandemia silenciosa en aumento
La Enfermedad de Parkinson es actualmente la segunda enfermedad neurodegenerativa más común a nivel mundial, solo por detrás del Alzheimer. En España, afecta a más de 120.000 personas, y todo apunta a que su prevalencia seguirá creciendo en las próximas décadas. De hecho, algunos expertos ya se refieren al Parkinson como una "pandemia silenciosa" por su expansión progresiva y el impacto creciente que tiene en la salud y calidad de vida de la población.
Entre los principales factores que explican este aumento destacan:
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El envejecimiento de la población, que sigue siendo el principal factor de riesgo. A medida que vivimos más años, también aumenta la incidencia de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson.
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Mejoras en el diagnóstico, que permiten identificar la enfermedad en fases más tempranas y en personas más jóvenes, favoreciendo una intervención precoz.
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Factores ambientales, como la exposición prolongada a pesticidas, herbicidas y otros productos químicos neurotóxicos, entre ellos el paraquat y la rotenona, que han sido asociados en diversos estudios a un mayor riesgo de desarrollar Parkinson.
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Contaminación del aire y metales pesados, que también están siendo estudiados por su posible relación con el daño progresivo al sistema nervioso.
Aunque el Parkinson es una enfermedad de evolución lenta, su impacto funcional puede ser significativo con el paso del tiempo si no se actúa de manera temprana y activa. De ahí la importancia de una mayor concienciación, prevención ambiental y acceso a tratamientos adecuados, como la fisioterapia neurológica, que contribuye a mantener la autonomía y calidad de vida de quienes la padecen.
Tratamiento integral del Parkinson
El tratamiento de la Enfermedad de Parkinson tiene como objetivo principal aliviar los síntomas y preservar la calidad de vida del paciente durante el mayor tiempo posible. Dado que se trata de una enfermedad compleja y progresiva, su abordaje requiere de un enfoque multidisciplinario, en el que intervienen distintos profesionales sanitarios según las necesidades de cada persona.
Este tratamiento se estructura habitualmente en tres niveles:
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Tratamientos farmacológicos: Constituyen la base del manejo médico del Parkinson. El fármaco más eficaz y utilizado es la levodopa, considerada el tratamiento de referencia (gold standard). También se emplean otros medicamentos como los agonistas dopaminérgicos y los inhibidores de la MAO-B, así como fármacos dirigidos a síntomas no motores, como los trastornos del sueño, la ansiedad o la depresión.
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Tratamientos no farmacológicos: Incluyen intervenciones como la fisioterapia neurológica, la logopedia y la terapia ocupacional, fundamentales para mantener la movilidad, la comunicación y la independencia funcional. Estas terapias son esenciales desde fases tempranas y deben mantenerse a lo largo del tiempo como complemento al tratamiento médico.
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Terapias avanzadas: Se consideran cuando los tratamientos convencionales dejan de ser eficaces o presentan complicaciones. Entre ellas se encuentran la estimulación cerebral profunda, los ultrasonidos focales de alta intensidad, y las bombas de infusión continua de medicación, como la apomorfina o la levodopa en distintas formulaciones.
La combinación adecuada de estos enfoques, adaptada a cada fase de la enfermedad, permite optimizar los resultados y mejorar de forma global el bienestar de la persona con Parkinson.
El papel esencial de la fisioterapia en el Parkinson
Aunque hoy en día no existe una cura definitiva para la Enfermedad de Parkinson, sabemos que el tratamiento no se limita únicamente a los fármacos. La fisioterapia neurológica especializada es un pilar fundamental en el manejo de esta enfermedad.
Una intervención fisioterapéutica bien dirigida permite preservar la movilidad, mejorar la autonomía y prevenir complicaciones asociadas al deterioro motor. Dentro de este abordaje, el ejercicio terapéutico estructurado es una herramienta central, con efectos protectores demostrados sobre el sistema nervioso y un impacto positivo en la evolución de los síntomas.
Numerosos estudios han evidenciado que mantenerse físicamente activo mediante ejercicios adaptados contribuye a ralentizar la progresión de la enfermedad, mejorar el estado de ánimo, reducir el riesgo de caídas y mantener una mayor independencia en las actividades de la vida diaria.
En nuestra clínica, desarrollamos programas personalizados de fisioterapia que incluyen:
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Ejercicio terapéutico individual y grupal.
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Entrenamiento del equilibrio y la marcha.
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Fisioterapia respiratoria.
Cuanto antes se inicie la fisioterapia, mayores serán sus beneficios. Aplicada de forma constante y con objetivos claros, es una herramienta clave para mejorar la calidad de vida y mantener la funcionalidad a largo plazo.
Rompiendo mitos, construyendo esperanza
En este Día Mundial del Parkinson, desde nuestra clínica queremos:
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Desmitificar la enfermedad: el Parkinson es mucho más que un temblor.
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Recordar que su avance se puede ralentizar con un abordaje terapéutico temprano y activo.
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Defender el valor de la fisioterapia como parte esencial del tratamiento.
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Reafirmar nuestro compromiso con cada persona que convive con esta enfermedad.
¿Convives con el Parkinson?
Si tú o alguien cercano ha sido diagnosticado con Parkinson, no esperes a que los síntomas avancen. La fisioterapia neurológica puede ayudarte a mantener tu independencia y calidad de vida.
Contacta con nosotros para una valoración personalizada. Estamos aquí para ayudarte a moverte y vivir mejor.
El apego en la infancia
Cuando un bebé llega al mundo, no solo necesita cuidados físicos: también necesita seguridad emocional. El apego, es decir, el vínculo afectivo que establece con las personas que lo cuidan, es una base esencial para su desarrollo físico, emocional, social e incluso cognitivo.
En este artículo explicamos qué es el apego, cómo se forma y qué tipos principales existen según la calidad de esa relación.
Qué es el apego
El apego es un vínculo afectivo duradero que se establece entre el bebé y un número reducido de personas, normalmente sus cuidadores principales. Este vínculo lo impulsa a buscar contacto, proximidad y protección, especialmente en momentos de estrés, miedo o incertidumbre.
Se trata de un vínculo jerárquico: aunque el bebé pueda establecer relaciones afectivas con varias personas, suele haber una figura principal de apego.
Para qué sirve el apego
El sistema de apego cumple funciones fundamentales en el desarrollo del niño o la niña:
- Favorece la supervivencia, manteniéndolo cerca de sus cuidadores, especialmente en los primeros meses.
- Ofrece seguridad emocional, funcionando como base segura desde la que puede explorar el mundo.
- Fomenta la salud física y mental, contribuyendo a la autorregulación, al desarrollo neurológico y a la autoestima.
- Facilita la socialización, ya que un niño que se siente seguro en sus relaciones tendrá más herramientas para relacionarse con otras personas.
- Tiene una dimensión lúdica, ya que el contacto afectivo también forma parte del juego, del placer y del aprendizaje.
Cómo se forma el apego
El apego comienza a desarrollarse desde el nacimiento y evoluciona en distintas fases:
Fase I (0–3 meses)
Durante esta etapa, el bebé interactúa sin distinguir entre personas conocidas o desconocidas. Son especialmente importantes los sentidos como la visión, la audición, el tacto, así como las primeras conductas de comunicación como el llanto, la sonrisa o el aferramiento.
Fase II (3–6 meses)
El bebé empieza a mostrar preferencia por sus cuidadores habituales. Se calma más fácilmente en su presencia y responde emocionalmente cuando están o se ausentan.
Fase III (6 meses – 2/3 años)
Aparecen conductas más complejas: gateo para buscar al cuidador, uso del adulto como base segura para explorar el entorno, reacciones ante personas extrañas y necesidad de consuelo en momentos de estrés. El niño empieza a diferenciar claramente entre personas conocidas y desconocidas.
Durante esta etapa, también se organiza la relación entre varios sistemas de conducta:
- Sistema de apego: impulsa al niño a buscar cercanía con su figura principal.
- Sistema exploratorio: motiva al niño a descubrir su entorno.
- Sistema de miedo: le ayuda a detectar y evitar amenazas.
- Sistema afiliativo: facilita el acercamiento a otras personas.
Tipos de apego
El conocimiento sobre los estilos de apego proviene de décadas de investigación en el ámbito del desarrollo infantil. Uno de los estudios más relevantes fue el desarrollado por Mary Ainsworth, psicóloga que, en los años 70, diseñó un protocolo de observación conocido como “Situación Extraña”.
Este experimento consistía en observar la reacción de niños y niñas de entre 12 y 18 meses ante una situación breve de separación y reencuentro con su figura de apego en un entorno controlado. Las conductas que mostraban durante estos momentos permitieron identificar diferentes formas de relacionarse emocionalmente con el adulto.
Con base en estas observaciones, Ainsworth y su equipo clasificaron los estilos de apego en tres grandes categorías. Posteriormente, la investigación continuó, y se añadió un cuarto tipo más complejo y relacionado con situaciones de mayor vulnerabilidad.
A continuación, describimos los cuatro estilos principales de apego que puede desarrollar un niño o niña:
Apego seguro
El niño utiliza a su cuidador como base segura desde la cual puede explorar el entorno.
Se muestra afectuoso en el reencuentro tras una separación breve, busca consuelo y, una vez calmado, retoma la actividad con tranquilidad.
Este tipo de apego suele formarse cuando el adulto responde de manera sensible, predecible y afectuosa a las necesidades emocionales del niño.
Apego inseguro evitativo
El niño parece indiferente ante la presencia o ausencia de la figura de apego.
Evita el contacto emocional y suele centrarse en los objetos o en la exploración sin recurrir al adulto para consolarse.
Este patrón puede desarrollarse cuando las respuestas del adulto han sido frías, poco disponibles o rechazantes ante las demandas afectivas del niño.
Apego inseguro ambivalente
El niño muestra una fuerte ansiedad ante la separación y tiene dificultades para calmarse incluso cuando se reencuentra con el cuidador.
Puede alternar entre conductas de búsqueda de afecto y rechazo, lo que refleja una relación impredecible.
Este tipo de apego aparece cuando la figura de apego ha sido inconsistente: a veces disponible, otras ausente o poco sensible.
Apego desorganizado
Este estilo de apego fue identificado más tarde por investigadores como Main y Solomon, al observar que algunos niños no encajaban en los patrones anteriores.
Sus conductas eran contradictorias, confusas o desorientadas: por ejemplo, acercarse al cuidador con miedo, quedarse paralizados, o mostrar movimientos sin propósito.
Suele aparecer en contextos de trauma, negligencia, maltrato o cuando la figura de apego también es una fuente de miedo.
Esta clasificación ha sido clave para entender cómo se construyen los vínculos afectivos en la infancia y cómo influyen en el desarrollo emocional posterior. Comprender los estilos de apego no es para etiquetar a los niños, sino para ayudar a los adultos a reflexionar sobre la calidad del vínculo y promover relaciones más seguras y saludables.
El papel del adulto en el desarrollo del apego
El vínculo afectivo entre un bebé y su figura de apego no se forma de manera automática ni depende únicamente de la biología. Se construye, sobre todo, a través de las experiencias cotidianas de cuidado. La forma en la que el adulto se relaciona con el niño es determinante para el tipo de apego que este desarrollará.
A lo largo de los primeros meses y años de vida, el bebé va generando una representación del mundo y de sí mismo en función de cómo es tratado. La sensibilidad, la coherencia y la disponibilidad emocional del adulto son claves para sentar las bases de un vínculo seguro.
Tipos de interacción y sus efectos
No todos los adultos interactúan del mismo modo con los niños, y eso influye en cómo se construye el vínculo de apego. Podemos identificar tres formas principales de interacción, cada una con consecuencias distintas para el desarrollo emocional.
Interacción sensible
Es aquella en la que el adulto responde de forma coherente, afectuosa y ajustada a las necesidades del niño. Escucha, observa y reacciona con respeto, sin forzar, sin ignorar.
Esta forma de relación promueve el apego seguro. El niño se siente comprendido, atendido y con libertad para explorar el entorno sabiendo que, cuando lo necesite, encontrará consuelo y protección.
Interacción intrusiva o controladora
En este tipo de interacción, el adulto tiende a invadir el espacio del niño, anticipándose a sus necesidades o intentando dirigir de forma constante su conducta. Puede sobreestimular, interrumpir sus iniciativas o tomar decisiones por él.
Aunque el adulto esté presente, no está permitiendo que el niño desarrolle autonomía ni que aprenda a regularse. Esta actitud puede generar inseguridad, ansiedad o dependencia excesiva.
Interacción negligente
Aquí, el adulto no responde de manera constante ni coherente a las señales del niño, o directamente ignora sus necesidades físicas y emocionales.
La relación se vuelve impredecible o ausente, y el niño puede desarrollar un apego inseguro. A largo plazo, esto puede afectar a su autoestima, su capacidad para regular emociones y sus relaciones futuras.
El apego no es malacostumbrar
Existe la creencia de que atender de inmediato al bebé, cogerlo en brazos o consolarlo con frecuencia puede "malacostumbrarlo". Sin embargo, la evidencia científica señala lo contrario: cuando un niño recibe atención sensible y afectiva, se siente seguro, y esa seguridad es lo que le permite desarrollar independencia de forma natural.
Dar amor, presencia, respeto y seguridad no es exceso, es necesidad. Es lo que ayuda a construir un vínculo sano y a fomentar un desarrollo emocional equilibrado.
Conclusión
El apego no es un concepto abstracto, es una experiencia viva que se construye cada día en la relación entre el niño y sus figuras de referencia. Esa relación es la base sobre la que se desarrollan la autoestima, la autonomía, la capacidad de regular emociones y de establecer relaciones sanas con los demás.
Desde la fisioterapia infantil también acompañamos estos procesos, respetando los tiempos de cada niño, promoviendo la seguridad emocional y facilitando experiencias de desarrollo global.
Niños en Riesgo Neurológico
Cuando un bebé llega al mundo, todo gira en torno a su bienestar y desarrollo. Sin embargo, hay bebés que, debido a ciertas circunstancias perinatales, tienen un "mayor riesgo neurológico". Pero, ¿qué significa realmente esto? Y lo más importante, ¿cómo podemos ayudar a estos niños a alcanzar su máximo potencial? Vamos primero a entender para acompañar.
¿Qué es un niño de riesgo neurológico?
Un niño de riesgo neurológico es aquel que, por sus antecedentes durante la gestación o el parto, tiene una mayor probabilidad de presentar algún tipo de dificultad en su desarrollo motor, sensorial o cognitivo. Esto no significa que necesariamente tendrá un problema, pero sí requiere de atención y seguimiento especializado.
Factores que pueden influir en el riesgo neurológico
Existen diversos factores que pueden influir en el desarrollo neurológico de un bebé, entre ellos:
- Prematuridad (menos de 37 semanas de gestación) o postérmino (más de 42 semanas).
- Peso al nacer: Bajo peso (menos de 2.500g) o peso elevado (más de 4.500g).
- Condiciones maternas: Diabetes, hipertensión arterial, infecciones como la hepatitis o la rubéola, o el consumo de sustancias durante el embarazo.
- Complicaciones en el parto: Traumatismos, fracturas o dificultades respiratorias.
- Malformaciones congénitas.
La importancia del seguimiento
Gracias a los avances en medicina neonatal, cada vez más bebés que nacen en situaciones de riesgo logran sobrevivir y desarrollarse. Sin embargo, esto también implica la necesidad de un seguimiento cercano. No siempre es posible predecir con exactitud qué niños desarrollarán dificultades, por lo que el monitoreo es clave.
En este sentido, la fisioterapia infantil juega un papel fundamental. A través de evaluaciones personalizadas y terapias especializadas, se puede estimular el desarrollo motor y sensorial del bebé, favoreciendo su autonomía y calidad de vida.
¿Cómo podemos ayudar como padres?
Si tu hijo ha sido identificado como un niño de riesgo neurológico, nuestras recomendaciones son:
- Acudir a controles médicos y de fisioterapia de manera regular para detectar cualquier señal temprana.
- Estimular el desarrollo con juegos y actividades adaptadas a su edad y necesidades.
- Crear un ambiente afectivo y seguro. El vínculo con los padres es esencial para el desarrollo del niño.
- Informarse y buscar apoyo. Contar con un equipo multidisciplinario (neurólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, etc.) puede ser clave.
Un futuro lleno de posibilidades
El hecho de que un bebé tenga factores de riesgo neurológico no define su futuro. Con la atención adecuada y el apoyo de los especialistas, muchos niños logran un desarrollo óptimo. En nuestra clínica de fisioterapia neurológica, estamos comprometidos con acompañar a cada familia en este camino, brindando herramientas y tratamientos para potenciar al máximo las capacidades de cada pequeño.
Si tienes dudas o necesitas orientación, no dudes en contactarnos.
El Desarrollo Motor del Bebé
El Desarrollo Motor en Bebés de 0 a 1 Año: Un Proceso Único y No Lineal
El desarrollo motor de los bebés es una de las etapas más fascinantes y complejas de su crecimiento. Durante el primer año de vida, los pequeños atraviesan una serie de hitos que les permiten ganar control sobre su cuerpo, desde los primeros movimientos de sus extremidades hasta la exploración activa del entorno. Sin embargo, este proceso no sigue un patrón lineal. Cada bebé evoluciona a su propio ritmo y, aunque existen pautas generales, muchos factores influyen en su desarrollo.
¿Qué es el desarrollo motor?
El desarrollo motor es un proceso complejo en el que los bebés adquieren nuevas habilidades a través de la interacción con su entorno. Este proceso no solo depende del sistema nervioso, sino también de la coordinación entre los sistemas musculoesquelético y sensorial, además de factores ambientales y genéticos.
El desarrollo motor no es lineal
Tradicionalmente, se creía que el desarrollo motor seguía una secuencia fija y predecible, determinada principalmente por la maduración del sistema nervioso. Sin embargo, hoy sabemos que el movimiento surge de la interacción de múltiples factores, y que los bebés pueden alcanzar los hitos motores de diferentes maneras y en tiempos variables.
Por ejemplo, algunos bebés pueden comenzar a gatear a los 6 meses, mientras que otros pueden hacerlo más tarde o incluso nunca, optando por formas alternativas de desplazamiento como el arrastre o el "culeo", sin que esto implique una alteración en su desarrollo neuromotor.
Hitos frecuentes en el desarrollo motor de 0 a 12 meses
A continuación, detallamos algunos de los hitos motores más comunes durante el primer año de vida, divididos por trimestres:
Primer Trimestre (0-3 meses)
Al nacer, el bebé pasa de un ambiente intrauterino sin gravedad a un entorno con nuevos estímulos sensoriales. En esta etapa predominan los reflejos primitivos, como el reflejo de succión y el reflejo de prensión palmar. Estos reflejos irán desapareciendo progresivamente a medida que el bebé desarrolla mayor control motor.
- Movimientos iniciales: Postura flexora asimétrica, con movimientos en masa.
- Desarrollo visual: A partir de la sexta semana, comienza la orientación visual hacia diferentes estímulos (aunque la función visual es muy limitada aún, pudiendo ver solo en blanco y negro).
- Control cefálico: Desde las primeras semanas, el tiempo boca abajo es fundamental para fortalecer los músculos del cuello y tronco. El niño empezará a hacer esfuerzos por elevar su cabeza al intentar explorar su entorno.
- Función manual: las manos del recién nacido están cerradas, alrededor de los 3 meses, el bebé comienza a llevarse las manos a la boca y a explorarlas y empieza a aparecer la función de prensión (si le damos un objeto lateralmente el niño puede cogerlo).
Segundo Trimestre (4-6 meses)
Durante este período, el bebé gana fuerza y control sobre sus movimientos, permitiéndole realizar acciones más coordinadas.
- Mayor control cefálico: tumbado boca abajo el niño va consiguiendo mayor capacidad de enderezamiento y a partir del 4º mes y medio puede ser capaz quitar un brazo del apoyo para ir a coger un objeto que le pongamos delante. Al final del trimestre (6º mes) el niño puede ser capaz de enderezarse solo sobre sus manos abiertas.
- Prensión voluntaria: en posición de boca arriba el niño empieza a coger objetos más allá de la línea media de su cuerpo, lo que da lugar a que empiece a desplazar su centro de gravedad lateralmente. Esto propicia que entre el 5º y el 6º mes pueda empezar a hacer volteos.
Tercer Trimestre (7-9 meses)

El bebé se vuelve más activo y comienza a desarrollar estrategias para moverse de forma independiente.
- Volteo completo: Capacidad para cambiar de posición libremente.
- Posición en cuatro patas: Entre el 6º y 7º mes, puede mantenerse en esta postura.
- Primeros desplazamientos: A los 7-8 meses puede arrastrarse, reptar o gatear.
- Sedestación independiente: Hacia los 9 meses, logra sentarse sin apoyo y jugar con las manos libres. Es aquí cuando desarrollan más su función manual.
Cuarto Trimestre (10-12 meses)
Esta etapa marca el inicio de la exploración en bipedestación y los primeros intentos de caminar.
- Verticalización: El bebé busca apoyos para ponerse de pie. Generalmente los bebés van buscando superficies sobre las que apoyarse: sofás, mesitas, piernas de mamá o papá… y desde el suelo van intentando levantarse para ponerse de pie.
- Marcha con apoyo: Entre los 10 y 12 meses, muchos bebés comienzan a caminar mientras se sujetan de muebles o de las manos de sus padres. Muchas veces se desarrolla primero una marcha lateral apoyado en muebles. Este paso es un precursor del caminar independiente.
Cada bebé tiene su propio ritmo
Es fundamental entender que el desarrollo motor es un proceso individual, influenciado por factores genéticos, ambientales y de estimulación. Así por ejemplo, un bebé que pasa la mayor parte del tiempo en una hamaca o tumbado boca arriba puede tardar más en desarrollar el control cefálico o la fuerza en el tronco. Del mismo modo, si no se le da la oportunidad de jugar con objetos, podría demorar en desarrollar la prensión y la coordinación manual.
¿Cómo favorecer el desarrollo motor de tu bebé?
Para facilitar el desarrollo motor de tu bebé, es importante ofrecerle oportunidades de movimiento adaptadas a sus capacidades y esto es algo que podemos hacer tanto en niños con desarrollo normotípico como en niños en los que existe alguna patología o alteraciones en su desarrollo motor. Algunos consejos son:
- Fomentar el tiempo boca abajo desde las primeras semanas para favorecer el desarrollo del control cefálico y fortalecer la musculatura extensora del tronco.
- Proporcionar objetos atractivos que estimulen la prensión y la coordinación mano-ojo.
- Permitir la exploración del entorno en un espacio seguro para incentivar el desplazamiento y la experimentación de diferentes posturas.
- Evitar el uso prolongado de dispositivos restrictivos, como hamacas o andadores, que pueden interferir con el desarrollo natural del movimiento.
Si tienes dudas sobre el desarrollo motor de tu bebé o quieres saber cómo estimularlo de manera adecuada, en nuestra clínica de fisioterapia neurológica podemos orientarte. Sigue nuestro blog y redes sociales para más información sobre este y otros temas relacionados con el desarrollo infantil.
Ictus: Causas y prevención
El pasado 27 de septiembre, ofrecimos una charla en el Ayuntamiento de Frades sobre el ictus, la cual fue muy bien recibida por nuestros vecinos, que mostraron gran interés en este importante tema de salud.
Durante la charla, abordamos tres puntos clave:
- Qué es un ictus, tipos y causas.
- Cómo actuar ante una emergencia (puedes consultar más detalles en nuestra entrada sobre los signos de un ictus).
- Estrategias de prevención para reducir el riesgo de sufrir un ictus (revisa nuestros consejos para prevenir un ictus).
Aprovechando los temas tratados en la charla, queremos profundizar en este espacio sobre lo que es un ictus, los tipos que existen y sus principales causas.
¿Qué es un ictus?
El término ictus proviene del latín y significa "golpe" o "ataque". Su equivalente en inglés, stroke, tiene el mismo significado, ambos describen su carácter brusco y repentino.
Entendemos por ictus cualquier trastorno en la circulación cerebral que generalmente ocurre de forma súbita. Puede ser provocado por una interrupción en el flujo sanguíneo hacia una parte del cerebro (isquemia cerebral) o por la ruptura de una arteria o vena cerebral (hemorragia cerebral).
Tipos de ictus
Existen dos grandes tipos de ictus, dependiendo de la lesión que afecte a los vasos sanguíneos:
- Ictus isquémico: Ocurre cuando se bloquea o se obstruye un vaso sanguíneo, impidiendo que la sangre, y por tanto el oxígeno y los nutrientes, lleguen a una zona del cerebro. Esta falta de flujo provoca la lesión del tejido cerebral, lo que conocemos como isquemia cerebral. Las causas más comunes son:
- Trombosis: El vaso sanguíneo se obstruye debido a la formación de un coágulo en su interior (ictus trombótico).
- Embolia: Un coágulo se forma en otra parte del cuerpo (generalmente el corazón) y viaja por el torrente sanguíneo hasta bloquear una arteria cerebral (ictus embólico).
- Ictus hemorrágico: Ocurre cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe, liberando sangre en el tejido cerebral. Esta sangre, al no poder salir del cráneo, presiona el cerebro, impidiendo su oxigenación y causando daño en las áreas afectadas.
Causas principales del ictus
- Ictus trombótico: La principal causa es la arteriosclerosis, una condición en la que las arterias se endurecen y estrechan debido a la acumulación de colesterol y otras sustancias en la pared arterial. Factores de riesgo como la hipertensión arterial, colesterol alto, diabetes y obesidad aumentan la probabilidad de un ictus trombótico.
- Ictus embólico: Generalmente causado por trombos que se forman en el corazón y luego viajan al cerebro. Condiciones como arritmias cardíacas, infarto de miocardio o la dilatación de cavidades cardíacas pueden favorecer la formación de estos coágulos. Cuando estos trombos llegan al cerebro, causan un infarto embólico o cardioembólico si provienen del corazón.
- Ictus hemorrágico: El principal factor de riesgo es la hipertensión arterial, que debilita las paredes de los vasos sanguíneos y aumenta el riesgo de rotura.
- Causa indeterminada: En aproximadamente el 20% de los casos, incluso tras realizar varias pruebas, no se logra identificar la causa exacta del ictus.
Conclusión: ¿Cómo prevenir un ictus?
Conociendo las causas del ictus, podemos tomar medidas preventivas para reducir su riesgo. Controlar factores como la hipertensión, el colesterol alto, la diabetes y el sobrepeso, además de mantener un estilo de vida saludable, son pasos fundamentales para proteger nuestra salud cerebral.
Fisioterapia del Suelo Pélvico en Patologías Neurológicas
En nuestro último artículo, explicamos que las afectaciones de la función vesical, intestinal y sexual son muy frecuentes en personas con patologías neurológicas. Sin embargo, la fisioterapia del suelo pélvico en patologías neurológicas está todavía poco estudiada. Se requieren investigaciones con muestras más amplias y homogéneas para generar evidencia científica sólida y establecer recomendaciones de tratamiento claras. A pesar de estas limitaciones, la Asociación Europea de Urología enfatiza la importancia del tratamiento conservador como primera línea de acción.
El entrenamiento de los músculos del suelo pélvico puede ser beneficioso para aquellos pacientes que conservan la capacidad de contraerlos voluntariamente. La capacidad de contraer la musculatura del suelo pélvico varía según la naturaleza y gravedad de la afectación neurológica. Por ejemplo, en el caso de una persona con lesión medular, va a depender de la localización de la lesión y, sobre todo, de si la lesión es completa o incompleta. Un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico puede evaluar esta capacidad contráctil y diseñar un programa de fortalecimiento muscular adaptado a cada caso. Si existe contracción, aunque sea débil, puede trabajarse para fortalecer esta musculatura, al igual que lo hacemos en otros músculos del cuerpo.
La estabilidad central del cuerpo, conocida como "core stability", desempeña un papel crucial en la estabilidad de la pelvis y en los mecanismos de continencia. Por lo tanto, se recomienda iniciar el tratamiento específico del suelo pélvico una vez que el paciente haya alcanzado una estabilidad central adecuada, es decir, cuando consiga mantener una sedestación erguida activa y estable.
Además, el control postural y respiratorio también son mecanismos neuromuscularmente dependientes. Desde la fisioterapia podemos evaluar y mejorar el tono y la función de los músculos implicados en estos procesos, como son el diafragma, el transverso del abdomen, los oblicuos internos y los músculos del suelo pélvico.
En cuanto a las técnicas de tratamiento, las Guías de Práctica Clínica actuales respaldan la combinación de diversas modalidades, como la terapia manual, la electroterapia, el ejercicio terapéutico y el biofeedback. Es responsabilidad del fisioterapeuta seleccionar las técnicas más adecuadas para cada paciente, basándose en un proceso de razonamiento clínico.
En resumen, aunque queda mucho por investigar en el campo de la fisioterapia del suelo pélvico en pacientes neurológicos, la experiencia clínica respalda la importancia de conseguir una buena estabilidad postural central antes de abordar de manera específica la musculatura del suelo pélvico. Es esencial combinar varias técnicas de tratamiento, siempre bajo un enfoque clínico reflexivo y adaptado a las necesidades de cada individuo.
¿Te preguntas si podrías beneficiarte de un tratamiento específico del suelo pélvico? ¡Estamos encantados de anunciar que ahora ofrecemos un servicio de fisioterapia del suelo pélvico en nuestra clínica! No dudes en ponerte en contacto con nosotros para que podamos evaluar tu caso.
La información de este post ha sido extraída del libro Torres M, Meldaña A. Fisioterapia del Suelo Pélvico. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2022.
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Disfunciones del suelo pélvico en patologías neurológicas
La incontinencia y la disfunción sexual son secuelas comunes que afectan significativamente a la calidad de vida de personas con diversas patologías neurológicas. Estas alteraciones pueden surgir debido a fallos en la comunicación entre los órganos responsables y el cerebro, así como en el control de la musculatura implicada.
El correcto funcionamiento del tracto urinario inferior depende de la coordinación precisa entre sus órganos y estructuras, regulada por un complejo sistema nervioso que involucra desde centros cerebrales hasta la médula espinal y el sistema nervioso periférico. Por ende, las alteraciones en este sistema pueden desencadenar disfunciones en el suelo pélvico.
Estudios de resonancia magnética cerebral han revelado las áreas cerebrales implicadas en las contracciones de la musculatura del suelo pélvico (MSP). Se sabe que la actividad voluntaria de la MSP predomina en el área motora suplementaria, que se encarga de la planificación y coordinación de movimientos complejos. Otras zonas que también se activan durante las contracciones de la MSP son: la corteza motora primaria, el puente ventral, la sustancia gris periacueductal, la corteza cingulada anterior, el cerebelo, el tálamo y el putamen. Por lo tanto, se ha visto implicación de numerosas zonas cerebrales en la contracción de la MSP, lo cual explica que muchas patologías que tienen su origen a nivel cerebral puedan cursar con disfunciones en el suelo pélvico.
¿Y qué pasa a nivel medular? Para entender las disfunciones que presentan las personas con patologías que tienen su origen en la médula espinal, debemos hablar del sistema nervioso autónomo (SNA). El SNA relaciona el sistema nervioso central y periférico con todos los órganos del cuerpo, entre ellos la vejiga, el intestino y los órganos sexuales. Se sabe que las estructuras relacionadas con el control de los esfínteres y la función sexual reciben una inervación tanto somática como autónoma. Los componentes del SNA se han dividido tradicionalmente en actividad simpática y parasimpática. El tracto urinario inferior recibe su inervación simpática de las neuronas preganglionares situadas a nivel medular en los segmentos de T10 a L2. La actividad parasimpática, incluye dos vías, una a nivel del encéfalo y otra a nivel del sacro. En los segmentos medulares S2-S4 se originan las neuronas preganglionares parasimpáticas que aportan inervación autónoma al tracto urinario inferior y viajan a través de los nervios pélvicos y pudendo. Esto explica que una persona con una lesión en la médula espinal por encima de T10 pueda tener alteraciones en la función vesical regulada por el sistema nervioso simpático y parasimpático. Las personas con afectación sacra tendrán afectadas las funciones reguladas por el sistema nervioso parasimpático. El hecho de que la lesión sea completa o incompleta será lo que determinará la posibilidad de que pueda existir cierto control de esta función.
En relación a la implicación del SNA, recientemente se ha descubierto que la MSP no solo está formada por tejido muscular estriado (de contracción voluntaria), sino también por tejido muscular liso (perteneciente al SNA, de control involuntario).
En el marco de incontinencia urinaria asociada a patologías neurológicas, debemos hablar de incontinencia neurógena por vejiga neurógena hiperactiva. Se caracteriza por sensación de urgencia urinaria, con o sin incontinencia, aumento de la frecuencia diaria y nicturia (pérdida de orina en la fase de sueño). Ocurre en el contexto de patologías neurológicas con sensación conservada al menos parcialmente.
En relación a los síntomas intestinales, un 80% de las personas con patologías neurológicas experimentan problemas de intestino neurógeno. Esto da lugar a dos síntomas principales que suelen coexistir: la incontinencia anal y el estreñimiento, que a menudo se vuelven crónicos. La falta de movilidad también puede contribuir y agravar estos problemas.
Las alteraciones en la función sexual surgen de la afectación tanto del control somático como del sistema nervioso autónomo implicada en la excitación de los órganos sexuales. A día de hoy sigue siendo un tema del que se habla muy poco, pero que puede preocupar mucho a las personas afectadas.
Es importante que si experimentas alguno de estos problemas se lo comuniques a tu médico de referencia para que pueda valorar mejor todos tus síntomas y aconsejarte sobre qué medidas llevar a cabo.
En los siguientes post hablaremos sobre el lugar que ocupa la fisioterapia del suelo pélvico en el manejo de disfunciones asociadas a problemas neurológicos, asique si te interesa el tema no te pierdas las siguientes publicaciones.
La información de este post ha sido extraída del libro Torres M, Meldaña A. Fisioterapia del Suelo Pélvico. Madrid: Editorial Médica Panamericana; 2022.
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5 de mayo de 2024











